CERRO-SANTA-CATALINA / Egoin CLT

El Cerro de Santa Catalina es un espectacular paraje situado al borde de un acantilado en el barrio de Cimadevilla de Gijón. Se trata de un entorno natural privilegiado pero sometido a duras condiciones climatológicas y a la influencia directa del mar que acoge un centro escolar, una pista polideportiva y unas ruinas pertenecientes al recinto denominado Casa de las Piezas. Todo ello conforma un conjunto característico que, junto con la escultura ‘Elogio del Horizonte’ de Eduardo Chillida, constituye una de las señas de identidad de la costa gijonesa.

Para garantizar el uso continuado del equipamiento deportivo en la zona, el Ayuntamiento de Gijón plantea construir una cubierta que envuelva la pista polideportiva con materiales naturales integrables que provoquen un impacto mínimo en el entorno. Esta intervención supone cubrir una superficie de más de 1.000 m2 con un material capaz de resistir la agresividad del clima y del mar, y de aportar al mismo tiempo calidez y una continuidad estética al entorno.

Para poder hacer frente a estos retos, los arquitectos municipales Mónica Costales Rodríguez y Jesús Sotelo Fernández buscaron un material que fuera capaz de dar una respuesta conjunta y unitaria a estas necesidades, y apostaron por la madera, integrable en el entorno, modular, y que transmite uniformidad y calidez. La madera CLT de Egoin no solo cuenta con unas condiciones óptimas de resistencia a la humedad y a las condiciones climatológicas extremas, sino que también es un material fácilmente transportable y desmontable.

CERRO-SANTA-CATALINA / Egoin CLT

Además, la madera les permitía dar respuesta a otro de los retos que ofrecía el proyecto: al tener que cubrir una superficie de más de 1.000 m2, resultaba necesario fragmentar la cubierta tanto para evitar el volumen contundente que supondría una única estructura como para ofrecer una visión de conjunto más amable e integrada en el entorno. Este hecho les llevó a crear cuatro zonas de cubierta inclinada a dos aguas, íntegramente realizadas en madera, a modo de las construcciones tradicionales, pero con dimensiones y pendientes diferentes en cada una de las aguadas. De esta forma se pudo adecuar la dimensión real de la pista y de la cubierta a una escala más pequeña y accesible.

Por último, la búsqueda de una imagen unitaria e integrada en el entorno llevó a los responsables del proyecto a realizar la cubierta con tejas de madera para que su aspecto fuera similar a una cubierta de teja cerámica.

Desde el punto de vista estructural, los promotores recurrieron a la robustez y durabilidad de la madera laminada CLT para construir las vigas y pilares, mientras que el perímetro exterior se realizó mediante listones de madera verticales con un pequeño margen entre ellos para dejar pasar la luz natural y la ventilación al interior.

Por último, tal y como recuerda la arquitecta municipal Mónica Costales, el resto de los retos que fueron surgiendo “se solventaron con la colaboración estrecha de la empresa Egoin, que en todo momento participó de manera activa para mantener la intención compositiva de proyecto”.

Las obras, que se han prolongado durante 10 meses, han dado como resultado una cubierta irregular y emblemática, diseñada para perdurar en el tiempo de forma integrada en el entorno con un clima y unas condiciones ambientales especialmente agresivas.

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