Centro de Diseño Kunsthal de Zorrotzaurre - Egoin

El antiguo edificio de Papelera del Nervión es uno de los 17 bloques industriales que se mantienen en el plan de reforma de Zorrotzaurre, una antigua zona portuaria situada en la ribera de Deusto de Bilbao que vive una profunda transformación urbanística. Este edificio es el único abovedado de la zona y uno de los pocos de este tipo que perviven en Bizkaia. Por esa razón, y por su valor histórico y cultural, las instituciones decidieron conservar su estructura y sus elementos diferenciales y convertirlo en el Centro Superior de Diseño Kunsthal, un espacio icónico capaz de conjugar el pasado industrial de la zona con la modernidad de un área cultural de vanguardia, en el que la madera ha jugado un papel fundamental.

Los encargados de la rehabilitación debían mantener su estructura y convertir el interior en un espacio amplio, diáfano, sin pilares, acogedor y que aportara calidez para contrarrestar la frialdad de un equipamiento industrial de mediados del siglo pasado. Además, el proyecto necesitaba utilizar un material poco pesado, que en lugar de apoyarse sobre el suelo radiante del edificio pudiera descansar con absoluta seguridad sobre unos chapones metálicos, y resultar atractivo, flexible, resistente y sostenible.

Por todas estas razones el estudio de Arquitectura ABR+ decidió recurrir a las soluciones de madera CLT de Egoin que, además, aportaban una enorme flexibilidad y ofrecían unos plazos de ejecución mucho más breves que otros materiales.

Centro de Diseño Kunsthal de Zorrotzaurre - Egoin

“La madera es un material idóneo para llevar a cabo proyectos de rehabilitación por su capacidad de adaptación a cualquier tipo de superficie, especialmente a entornos complejos ya existentes: a diferencia de otros materiales como el hormigón, solo se necesita una pequeña sierra eléctrica para perfilar y adaptar las vigas y los paneles a cualquier recoveco”, explica el responsable de Egoin Jesús Mari Porturas.

El menor peso de la madera con respecto a otros materiales también ha permitido dar respuesta a uno de los principales retos a los que se ha tenido que enfrentar el equipo de arquitectos y de Egoin: el asentamiento de la nueva estructura. El suelo del edificio está compuesto por un enlosado radiante incapaz de soportar las cargas puntuales de la nueva estructura. La solución ideada por el equipo técnico ha consistido en crear una serie de chapas metálicas que sobresalen por ciertos puntos del solado para aguantar el peso de la nueva estructura. Esta solución ha obligado a Egoin a diseñar una estructura adaptada a su configuración para cubrir las luces comprendidas entre ellas.

Junto a estos aspectos constructivos, el edificio, de casi 1.200 m2 de superficie, debía responder al uso para el que había sido diseñado, un Centro de Estudio cuyas aulas tenían que mantener determinadas propiedades sonoras. Para ello, Egoin ha elaborado una cubierta ranurada capaz de absorber la acústica de estos espacios, y ha creado unos ventanales de CLT en voladizo forrados con lamas de alerce por el exterior que actúan como miradores en los que cualquier persona puede sentarse a contemplar las vistas de la isla de Zorrotzaurre. Todo ello, ejecutado en un plazo de tres semanas.

El resultado es un edificio estéticamente emblemático y sostenible para cuya construcción se han utilizado 210 m3 de madera, y que han evitado la emisión a la atmósfera de 263 m3 de CO2.

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