Proyecto La Borda en Barcelona.

La madera está ya considerada como el elemento constructivo del siglo XXI. Su robustez, sus propiedades en materia de sostenibilidad, eficiencia energética, bajas emisiones de CO2 a las atmósfera, etc., le han permitido irrumpir en un terreno ocupado hasta hace bien poco exclusivamente por el hierro y el hormigón, y protagonizar un cambio de paradigma en el sector de la construcción.

Una de las razones de este relevo está íntimamente relacionada con la apuesta por la sostenibilidad. Los hábitos constructivos que han caracterizado la mayoría de las edificaciones de los siglos XIX y XX han dejado una huella ecológica casi indeleble que nos ha llevado a volver a buscar una conexión con la naturaleza y una mayor integración con el entorno. Y en esta tarea la madera juega un papel determinante.

Ikastola Nevers de Durango.

Hoy en día las ciudades son las principales fuentes de emisiones de CO2, y los edificios representan casi el 40% del consumo total de energía. Esta ineficiencia no solo constituye uno de los principales retos sociales sino también uno de los desafíos de los urbanistas y del conjunto de los agentes que integran el ecosistema constructivo. En esa búsqueda de la eficiencia y la sostenibilidad, las ciudades y los edificios que las componen deben dejar de ser parte del problema y convertirse en la solución. Y para ello la madera puede actuar como un agente habilitador. Desde un punto de vista medioambiental las ventajas que aporta este material son numerosas:

  • Actúa contra el cambio climático al reducir de forma activa las emisiones de CO2.
  • Apenas genera residuos, que además se utilizan para crear productos como paneles, fibras y combustibles.
  • Es un recurso natural que favorece la economía local, el desarrollo rural y la conservación del entorno gracias a las explotaciones forestales sostenibles.

Vivienda privada en Alicante.

  • La cercanía de las explotaciones favorece la producción “Km0” y reduce las emisiones derivadas del transporte.
  • Se trata de un material reutilizable y renovable que, a diferencia de otros como el hormigón y el ladrillo, puede ser repuesto sin límite de una forma sostenible.
  • Su extracción y producción es más limpia, no requiere procesos industriales ni el empleo de combustibles fósiles. Se calcula que la madera genera durante este proceso 0,28 Tn de CO2, frente a las 4 Tn del acero.
  • Es un magnífico aislante térmico. La madera tiene una conductividad térmica reducida que le permite ser usada en los ambientes más extremos y mejorar sensiblemente las condiciones de aislamiento que ofrecen el ladrillo, el hormigón y el acero.

Todos estos beneficios han convertido este material en una de las principales opciones para garantizar la sostenibilidad futura del planeta.

Según un estudio realizado por la Universidad de Yale en colaboración con el Instituto Postdam para la Investigación del Cambio Climático, el uso generalizado de la madera en la construcción permitiría mitigar buena parte del problema de las emisiones.

El estudio, publicado por la revista Nature Sustainability, concluye que si la mayoría de los países decidieran utilizar la madera en sus nuevas edificaciones se podrían absorber entre 10 y 700 millones de Tn de CO2 al año, sin contar los 11.000 millones de Tn que dejarían de emitirse a la atmósfera al dejar de producir acero y cemento.

Todos estos elementos convierten a la madera en una referencia constructiva desde el punto de vista medioambiental.

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