Es posible que las palabras “Moat Brae” no signifiquen nada para mucha gente. Dan nombre a  un edificio de estilo georgiano construido en 1823 en la localidad escocesa de Dumfries que quedó en estado de ruina en 1990 a consecuencia del abandono, la podredumbre y el vandalismo.

Pero basta con asociar ese nombre a una simple frase para darse cuenta de que sus muros todavía encierran buenas dosis de magia, fantasía e ilusión: “Ven conmigo, donde los sueños nacen, donde el tiempo no está planificado. Piensa en cosas felices y tu corazón volará con alas para siempre”. Estas palabras sirvieron a Peter Pan, el personaje creado por J.M. Barrie, para animar a Wendy y a sus hermanos a olvidarse de la crudeza de la guerra y a embarcarse en un mundo de aventuras llamado Nunca Jamás, situado “en la segunda estrella a la derecha”.

Moat Brae fue el lugar en el que J.M. Barrie consiguió la inspiración para crear Neverland, la ‘casa’ de Peter Pan. Los veranos que el escritor escocés pasó allí durante su adolescencia y juventud le sirvieron para acumular las aventuras que años más tarde le ayudarían a escribir su famosa obra de teatro.

Más de un siglo después la magia empleada por el estudio de arquitectos LDN Arquitects, con la colaboración de Egoin, ha permitido rehabilitar por completo este viejo edificio y convertirlo en lo que hoy es: el Centro Nacional de Literatura Infantil y Cuentos, un lugar emblemático cargado de ilusión en el que la madera juega un papel protagonista.

El proyecto ha incluido la restauración del diseño interior del espacio Walter Newall, el arquitecto que diseñó el inmueble, la creación de diversas zonas de interpretación y actividades, un café, una tienda y una sala de formación. Y está complementado con un jardín habilitado como una atracción más de Neverland para niños y niñas, que tiene como objetivo enseñar a través de la imaginación.

La rehabilitación del edificio ha dado como resultado una casa singular con alma y cuerpo de madera y forma de ‘caparazón’ capaz de albergar eventos que abarcan desde talleres de juegos y recitales de música hasta exposiciones de arte.

Y hoy en día, igual que hace un siglo, su diseño transmite la misma fantasía, magia y espíritu aventurero que permitieron a J. M. Barrie escribir su novela gracias a experiencias de juventud como la que él mismo relató: “Cuando comenzaron a caer las sombras de la noche, ciertos jóvenes matemáticos arrojaron sus triángulos, treparon por las paredes y los árboles, y se convirtieron en piratas en una especie de Odisea que mucho después se convertiría en la obra de Peter Pan. Para nuestras escapadas en cierto jardín de Dumfries, que es tierra encantada para mí, fue sin duda la génesis de ese trabajo, Peter Pan”.

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