Madera contralaminada - Egoin

Pocos materiales representan mejor que la madera el respeto al medio ambiente, la sostenibilidad y la vanguardia arquitectónica, y aportan al mismo tiempo diseño, calidez, robustez y flexibilidad.

Por esta razón el estudio de arquitectura Bosch Capdeferro recurrió a Egoin y a sus soluciones de madera contralaminada (CLT) para erigir un complejo edificio de viviendas que fuera capaz de minimizar la huella ecológica y la demanda energética; de regular la higrometría del ambiente y mantener así la calidad del aire interior, y, además, de resistir los empujes horizontales causados por seísmos, una de las necesidades específicas de este proyecto. Todo ello, con un respeto estricto al presupuesto y a los plazos de ejecución de obra.

El reto del proyecto, enclavado en una zona aislada del ensanche de Girona, consistía en diseñar un bloque residencial compuesto por 35 viviendas y otras tantas parcelas de aparcamiento bajo criterios de eficiencia, sostenibilidad y flexibilidad. Para ello, tal y como explica el arquitecto Ramon Bosch, el estudio ha utilizado la madera como principal elemento constructivo por las ventajas que representa con respecto a otros materiales.

“La madera permite reducir de manera importante la huella ecológica en la globalidad del proceso constructivo, puesto que además de ser un material renovable actúa como almacén de CO2”, explica. De esta forma, “los casi 1.000 m3 de madera utilizada en la estructura de este edificio representan una fijación de casi 800 toneladas de CO2”, añade.

A ello se le suma el papel que juega este material en materia de eficiencia energética, ya que su uso garantiza la ausencia de puentes térmicos en la envolvente de la estructura, y este hecho reduce las necesidades de climatización del edificio. Y por último, gracias a su capacidad natural para regular la humedad en el ambiente, la madera mejora la calidad del aire interior y aumenta el confort de sus ocupantes y la habitabilidad.

Egoin en Girona

Pero el estudio de arquitectos Bosch Capdeferro necesitaba que el material constructivo fuera capaz de conjugar todas estas ventajas medioambientales y de confort con un óptimo comportamiento frente a los empujes horizontales que generan los seísmos. La solución integral a todas estas necesidades la encontró en la madera de pino, que tiene una densidad de entre 500 y 550 kg/m3 frente a los 2.500 kg/m3 del hormigón, y que, combinada con la ductilidad de una estructura de muros de carga bien diseñada y arriostrada, le ha permitido obtener “estructuras altamente eficientes que combinan ligereza y rigidez”.

El resultado final ha sido el diseño de un edificio de 4.380 m2 integrado por un sótano en hormigón sobre el que se levantan seis plantas con una estructura compuesta mayoritariamente por paneles de CLT pero con presencia de madera laminada en pilares y vigas.  El edificio, en fase de construcción y cuya finalización está prevista para este otoño tras el parón motivado por la pandemia de la COVID-19, consigue incorporar las necesidades de vivienda contemporáneas “promoviendo la flexibilidad de programas y la reducción de la demanda energética a partir de estrategias pasivas, priorizando el confort y la salud de los usuarios”, pero también aprovecha la proximidad de una “industria cercana de primer nivel” como Egoin a la hora de obtener la máxima sostenibilidad. “No tiene demasiado sentido priorizar la huella ecológica de la construcción sin tener en cuenta las emisiones que representa el transporte de los materiales desde lugares remotos, alejados del emplazamiento del edificio”, explica Ramon Bosch. “El conjunto de servicios que ofrece Egoin, concentrando en un solo interlocutor un valioso soporte técnico, la fabricación de los elementos constructivos y, finalmente, el montaje de la estructura en obra, se ha traducido en una agilidad y un control del proceso de gran eficacia”, concluye.

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